Page 87 - Portico - Frederik Pohl
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primera rueda, la que han usado los demás. Aprieta

            con fuerza. Requiere más fuerza de la que crees.


               Era cierto. De hecho, casi temía apretar demasiado y

            poner la nave en marcha. Ella se inclinó y puso la mano

            sobre  la  mía,  y  entonces  me  di  cuenta  de  que  aquel


            agradable  olor  a  almizcle  que  cosquilleaba  hacía  un

            rato mi nariz provenía de ella. Pero no era solamente


            almizcle; sus ferómonas se estaban introduciendo pla‐

            centeramente en mis quimiorreceptores. Era un cambio

            delicioso después del hedor de Pórtico.


               Pero la cuestión es que no supe lograr un color bonito,

            a pesar de que lo intenté durante cinco minutos antes

            de  que  ella  me  dijera  por  señas  que  me  levantara  y


            Sheri ocupara mi lugar.



               Cuando  volví  a  mi  habitación,  alguien  la  había


            limpiado. Me pregunté quién habría sido, rebosante de

            agradecimiento,  pero  me  sentía  demasiado  cansado


            para  hacer  elucubraciones.  Hasta  que  uno  se

            acostumbra, la falta de gravedad puede ser agotadora;

            se ejercitan demasiado los músculos porque es preciso


            aprender  toda  una  serie  de  economías  en  los

            movimientos.


               Tendí la hamaca y ya estaba dormitando cuando oí

            que alguien rascaba la persiana de mi puerta y después

            la voz de Sheri:


               ‐ ¡Bob!




                                                                                                           86
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