Page 413 - Kraken - China Mieville
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—Ya sabes lo que te vamos a decir —dijo Saira.
Su forma de hablar era inesperadamente pija—.
¿Las advertencias nos han concedido algún
momento de tranquilidad últimamente? ¿Por qué
crees que nos estamos quedando cortos con las
cifras? Algunos estamos un poco enfermos de
futuro.
—¿Alguna vez nos hemos puesto de parte de
alguien, Dane? —dijo Fitch.
Los londromantes habían estado allí desde
Gogmagog y Corineo, desde Mithras y los demás.
Al igual que su secciones hermanas de otras
psicópolis, los paristurges (Daniel se lo había
pronunciado a Billy a la francesa, paguiturds), los
varsovitarcas, los berlinimagos, ellos siempre
habían guardado una ostentosa neutralidad. Era
su manera de sobrevivir.
No eran custodios de la ciudad: ellos se
llamaban a sí mismos sus «células». Reclutaban a
jóvenes y cultivaban maleficios, espectros,
predicción y los trances diagnósticos que ellos
llamaban «urbopatía». Ellos, insistían, solo eran
conductos para los flujos que se acumulaban en las
calles. No veneraban a Londres, pero le profesaban
una respetuosa desconfianza, canalizaban sus
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