Page 434 - Kraken - China Mieville
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Se sentía bloqueada, como atrapada en una tela


             que  alguien  estuviera  estirando.  El  trabajo  le



             llegaba con cuentagotas. En casa nada funcionaba


             como  debía.  Cuando  salía  agua  de  los  grifos,


             salpicaba,  interrumpida  por  burbujas  de  aire.  El


             viento parecía empecinarse en sacudir sus paredes


             y ventanas con más fuerza de la habitual. Por las


             noches, le llegaba mal la señal del televisor, y la


             farola que había al lado de su casa se encendía y se



             apagaba, ridículamente rota e imperfecta.



                    Marginalia se pasó más de una tarde yendo del



             sofá a la ventana, del sofá a la ventana, y mirando


             fuera, como si Leon (o Billy, que apareció más de


             una  vez  en  esos,  ¿qué  eran?,  ensueños)  pudiera


             estar allí mismo, apoyado en la farola, esperando.


             Pero solo estaban los transeúntes, la luz nocturna


             del colmado de allí al lado, y la farola, sin nadie


             apoyado.




                    Fue después de muchas horas de apagados y


             encendidos,  un  efecto  teatral  a  través  de  las


             cortinas, una noche, cuando, exasperada, Marge le



             prestó  algo  de  atención  a  la  farola  y  cayó  en  la


             cuenta, con una sacudida física, una epifanía que


             la hizo tambalearse por un momento y la obligó a


             arrimarse  a  la  pared,  de  que  los  caprichos  de  la


             iluminación no eran arbitrarios.


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