Page 430 - Kraken - China Mieville
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un estupefacto niño de cinco años. De manera que
las puertas de la experiencia y el verbo de las
genuinas generaciones de muertos estaban
cerrados para ella.
Había otra opción: echar mano de unas cuantas
funciones policiales en crudo que se creyeran
fantasmas.
No cabía duda de que en la combinación había
algo del alma de oficiales auténticamente finados.
Una base, una primera capa de lógica policial. La
clave, según había descubierto Collingswood, era
mantener el carácter general. Lo más abstracto
posible. Ella podía amalgamar retazos de acción
sobrenatural a partir de la voluntad, la técnica,
unos pocos remanentes de memoria y, por encima
de todo, imágenes, mejor cuanto más obvias. De
ahí las novelas policíacas baratas que quemaba. De
ahí que los televisores y las cintas, copias de
Veinticuatro horas al día, Los profesionales,
aderezadas con una pizca de Dixon por la parte de
la santurronería, se elevaran en un torbellino de
sueño absurdo de la época dorada, que guiaba a
sus funciones espectrales en torno al qué hay que
hacer y cómo hay que ser.
No era este un terreno de juego apto para
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