Page 154 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Xuexue  vendía  inmortalidad.  Acudía  a  ciudades  y


           aldeas  devastadas  por  los  terremotos  o  los


           corrimientos de tierra, a aldeas pesqueras por lagos


           evaporados. Observaba los cerebros de los niños con


           el  escáner  MRI  de  su  teléfono  y  hablaba  con  sus


           desesperados  progenitores  de  una  vida  sin  carne.


           Enseñaba  a  los niños vídeos  del Paraíso,  donde  los


           dioses hablaban de la vida eterna como jardineros de


           códigos. Los niños reían y señalaban con el dedo. En


           todas las aldeas había unos pocos que querían ir con


           ella.  Los  reunía  en  camiones  automatizados  con


           ayuda de drones corporativos y se los llevaba a las


           Puertas Iridiscentes del Paraíso.



           Las  Puertas  consistían  en  barracones  erigidos  de


           cualquier manera en el desierto de Ordos, cubiertos


           con  tela  de  camuflaje.  Las  letrinas  apestaban.  Los


           catres estaban mugrientos.



           No se duchaban durante las dos primeras semanas,


           pero Xuexue y los demás instructores —la mayoría de


           ellos  caras  en  las  pantallas  de  los  guardias  drones


           operados  a  distancia—  decían  que  daba  igual,  que


           pronto trascenderían las necesidades de la carne.




           La primera etapa de la transformación tenía lugar en


           el  aula.  Los  niños  llevaban  gorros  que  picaban  e


           indicaban  a  las  máquinas  corporativas  qué  estaban


           pensando. Xuexue velaba por ellos durante el duro







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