Page 150 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Xuexue se sienta en una pequeña silla plegable ante


           él,  contempla  directamente  la  rendija  oscura  de  su


           yelmo  y  sonríe,  manteniéndose  tan  inmóvil  como


           puede. Su récord está en dos horas. Lo más difícil es


           mantener  la  sensación  de  la  sonrisa.  Hoy  resulta


           sencillo:  ha  tenido  un  buen  día  con  los  niños  en  la


           guardería. Los pequeños emperadores y emperatrices


           de  la  Oubliette  —comprados  con  Tiempo  en


           abundancia  por  sus  padres  y  malcriados  en


           consonancia—  pueden  ser  difíciles,  pero  tienen  sus


           buenos momentos. Puede que hoy bata su récord.



           —¿Disculpa? —dice una voz.



           Con  esfuerzo,  Xuexue  reprime  un  fruncimiento  de


           ceño y sigue sonriendo, sin girarse para mirar.




           Pega un respingo cuando una mano le toca el hombro.


           Maldición. Debería haber cerrado su gevulot, pero eso


           habría estropeado la sonrisa.



           —Estoy intentando concentrarme —reprende Xuexue


           al  desconocido,  un  joven  que  la  observa  con  una


           sonrisa.



           Tiene el pelo muy negro y un atisbo del sol en la piel,


           cejas oscuras arqueadas sobre los párpados pesados.


           Va vestido como si se dirigiera a una fiesta, elegantes


           chaqueta y pantalón, con un par de gafas tintadas de


           azul  frente  al  intenso  resplandor  de  Fobos  en  las


           alturas.





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