Page 185 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Vaya —digo—. Hola, Raymonde.
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El detective y su padre
LA luz de Fobos cosquillea en los párpados de Isidore
al amanecer. La boca le sabe a rayos, y se siente como
si tuviera un tambor en la cabeza. Entierra la cara
entre los cabellos de Pixil por un momento,
aferrándose a su calor. Después se obliga a abrir los
ojos mientras desliza la mano muy despacio para
sacarla de debajo de sus curvas.
La bóveda se ve de otra manera por la mañana. La luz
que se filtra a través de las paredes y otras superficies
le permite divisar, a lo lejos, el contorno rojo del borde
de la cuenca de Hellas. Es como despertar al aire libre,
en medio de un extraño bosque geométrico.
Los recuerdos de la noche anterior se reducen a un
batiburrillo de imágenes, e intenta acceder a la
exomemoria instintivamente para revivir lo ocurrido:
pero, como cabía esperar, lo único que encuentra es
una pared en blanco.
Contempla las facciones dormidas de Pixil. Una
sonrisita le curva los labios, y sus ojos aletean bajo los
párpados. La joya zoku reluce a la luz de la mañana
en la base de su garganta, contra la piel olivácea.
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