Page 186 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Diablos, ¿qué voy a hacer?, piensa. Pixil tiene razón, esto
no es más que un juego.
Encontrar su atuendo entre la montaña de ropa le
lleva un buen rato, y a punto está de ponerse un par
de bombachos por equivocación. La respiración
acompasada de Pixil no se altera mientras dura el
proceso, ni se despierta siquiera al alejarse Isidore de
puntillas.
A la luz del día, los cubos de la bóveda semejan un
laberinto, y aun con el sentido de la orientación
desarrollado por la vida en el Laberinto le cuesta
reconocer el camino por el que llegaron. Como
siempre, el silencio del gevulot confunde a Isidore,
que respira aliviado al encontrar un portal. Seguro que
es ése. Un arco plateado, un semicírculo perfecto con
el borde cubierto de intrincadas filigranas. Respira
hondo antes de atravesarlo. La sensación de
discontinuidad es incluso más violenta esta vez…
—¿Más vino, milord?
… cuando aparece en un inmenso salón de baile que
sólo puede ser la Sala del Rey, en el Palacio de
Olimpo. Resplandecientes gógoles esclavos con el
cuerpo enjoyado danzan y se contonean en
configuraciones imposibles sobre altas columnas,
ejecutando parsimoniosas acrobacias mecánicas. Un
autómata uniformado de librea roja le ofrece una copa
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