Page 189 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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espalda—. Me disponía a prepararte el desayuno. El


           zoku entero sigue durmiendo.



           —No quería despertarte.



           Esta  vez  la  discontinuidad  constituye  un  alivio,  al


           restaurarles, tanto a él como al resto del mundo que


           lo rodea, un ápice de normalidad.




           —A ver. ¿Pero de qué vas? ¿Te pensabas marchar a


           hurtadillas después de lo de anoche?



           Isidore opta por no abrir la boca. Sin comprender muy


           bien el motivo, un reguero de vergüenza se desliza


           por su espalda, dejando una estela de escalofríos.



           —Se trata de todo ese asunto del tzaddik, eso es todo


           —dice, al cabo—. Necesito reflexionar al respecto. Te


           quptaré.  —Mira  a  su  alrededor—.  ¿Cómo  salgo  de


           aquí?



           —Ya  sabes.  Sólo  tienes  que  desearlo.  Estaré


           esperando ese qupt. —Pixil le lanza un beso, pero en


           sus ojos sólo hay desilusión.



           Otra discontinuidad e Isidore se encuentra fuera de la


           colonia, parpadeando, deslumbrado por la radiante


           luz del sol.



           Para otro aracnotaxi y le pide al conductor que lo deje


           cerca del Laberinto, rogándole esta vez que no tenga


           prisa. Siente un remolino en el estómago; está claro


           que,  cualesquiera  que  fuesen  las  substancias






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