Page 190 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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recreativas  que  estaban  bebiendo  los  antiguos,  los


           cuerpos  de  los  diseñadores  marcianos  no  se


           encuentran a la altura.



           Experimenta  un  alivio  instantáneo  cuando  el  taxi


           abandona  el  Distrito  de  Polvo.  El  murmullo  del


           gevulot regresa a su mente, y las cosas recuperan su


           verdadera textura, piedra, madera y metal en lugar de


           mera geometría intangible.



           Elige  para  desayunar  una  pequeña  cafetería  cuya


           decoración gira en torno a los dragones como tema


           exclusivo,  pero  aunque  consigue  eliminar  el


           cansancio tras un café y una ración de gachas de arroz


           chino, los remordimientos perduran.




           Es  entonces  cuando  ve  el  periódico.  En  una  mesa


           cercana, un caballero entrado en años, con un Reloj


           con leontina de bronce en el chaleco, está leyendo el


           Heraldo  de  Ares.  APRENDIZ  DE  TZADDIK  SE


           DESMELENA, proclama el titular. Sin poder reprimir


           un  escalofrío,  encarga  un  ejemplar  que  el  dron


           camarero  deja  encima  de  su  mesa.  Allí  está  él,  una


           imagen móvil sobre el papel, hablando por los codos:


           del caso del chocolatero, de Pixil.



           Hace ya tiempo que gozamos de la protección de unos


           poderosos  seres  enmascarados,  los  tzaddikim;  pero


           quienes  siguen  nuestra  publicación  saben  que


           también ellos necesitan ayuda para resolver los casos






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