Page 206 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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posee un matiz aniñado—. Mi patrón lleva tiempo
observándolo. Siempre ha sabido reconocer el talento.
Isidore ya está lo bastante despierto como para poner
en práctica sus dotes deductivas y acceder a la
exomemoria. La mujer se siente cómoda en su cuerpo,
lo que significa que ha pasado mucho tiempo como
Noble, quizá más de lo que sugiere su lozana
apariencia. Su acento contiene la traza sutil de alguna
ciudad reposada, aunque disimulado con esmero. O
apenas disimulado, tal vez, para que él lo perciba.
—¿Quién eres?
La mujer dobla el periódico por la mitad.
—Se lo diré si acepta mi oferta. —Le entrega la
publicación, y con ella, una comemoria diminuta—.
Que pase usted un buen día, monsieur Beautrelet. —
A continuación se incorpora con movimientos
pausados, vuelve a exhibir su deslumbrante sonrisa y
se aleja caminando hasta convertirse en un borrón de
gevulot indistinguible entre la multitud.
Isidore abre la memoria y algo relampaguea en su
consciencia, posándose justo en la punta de su lengua.
Un lugar, una hora. Y un nombre.
Jean le Flambeur.
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