Page 203 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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El  Aletargado  se  yergue,  una  mole  de  ángulos  y


           metal. Acaricia con sus apéndices más afilados una


           hilera  de  rostros  femeninos  carentes  de  expresión,


           cada uno de ellos con una sutil peculiaridad que lo


           distingue de los demás, cada uno de ellos un intento


           por capturar algo que ya se ha perdido.



           Isidore  no  olvidará  jamás  el  día  en  que  dejó  de


           recordar  a  su  madre,  cuando  el  gevulot  de  ésta  se


           cerró.  La  inesperada  sensación  de  ausencia  que  lo


           embargó.  Antes,  había  vivido  siempre  con  la


           seguridad de que alguien sabía en todo momento cuál


           era su paradero, conocía en todo momento cada uno


           de sus pensamientos.



           El Aletargado esculpe otra estatua en la arena, una


           mujer sin rostro que sostiene un paraguas sobre las


           dos anteriores.




           —Sé que crees que intentaba protegernos. Yo no. —


           Da una patada a la estatua, que se desmorona y queda


           reducida  a  un  montoncito  de  polvo.  La  culpa  lo


           sobreviene  de  inmediato—.  No  quería  hacer  eso.


           Perdona.



           Vuelve a admirar la muralla, la inacabable labor de su


           padre. Ellos la derriban, y él la levanta de nuevo. Sólo los


           foboi  están  aquí  para  verlo.  De  repente,  se  siente


           ridículo.



           —No hablemos más de ella.





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