Page 477 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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fuertes. Ha llegado el momento de irse de aquí. —A


           su  alrededor,  la  cámara  del  tesoro  se  ha  quedado


           prácticamente  vacía:  únicamente  los  portales


           plateados se mantienen en su sitio.



           —Estáis huyendo.



           —Optimizando el uso de los recursos, eso es todo —


           dice  la  Veterana—.  Eres  libre  de  acompañarnos,


           aunque descubrirás que tu forma actual no es la más


           apropiada.




           —Me quedaré aquí —dice Isidore—. Éste es mi hogar.



           Una parte del resplandor de la Veterana forma una


           ciudad  en  miniatura.  Las  calles  están  repletas  de


           personas  diminutas.  Hay  fogonazos  y  llamaradas.


           Isidore  ve  el  conflicto  entre  los  controlados  por  los


           criptarcas y los inoculados con la memoria. Nota un


           sabor  a  sangre  y  se  da  cuenta  de  que  está


           mordiéndose  la  lengua.  Y  cerca  de  las  murallas,


           farallones blancos que rompen contra ellas, lamiendo


           las patas de la ciudad. Los foboi.



           —Quizá  desees  reconsiderar  tu  decisión  —dice  la


           Veterana.



           Isidore cierra los ojos. Es una forma distinta a la de un


           misterio, cambia sin cesar a gran velocidad, fluctúa,


           no  se  mantiene  estática  como  un  copo  de  nieve












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