Page 479 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 479
—El último derecho que se pierde —dice— es el
derecho a perderlo todo. Renuncio. Nací aquí. Yo me
quedo.
Toma la mano de Isidore.
—En marcha.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta la Veterana.
Pixil toca el portal, del que emana una claridad
ambarina.
—Lo correcto —responde antes de trasponerlo,
arrastrando a Isidore.
20
Dos ladrones y un detective
LA oscuridad nos reconstruye. Por un momento
siento como si me estuviera abocetando una pluma,
regresando a mi carne, mi piel y mis huesos, uno por
uno. Y entonces recupero la vista.
Un gato me observa fijamente. Se yergue sobre las
patas traseras, y lleva puestas unas botas y un
sombrero. Una espada diminuta cuelga de su amplio
cinto. Sus ojos parecen vidriosos y muertos, y
comprendo que son de cristal, dorados y relucientes.
El gato se mueve como impulsado por un resorte de
479

