Page 304 - Herederos del tiempo - Adrian Tchaikovsky
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—Mirad —dijo Nessel con voz queda.



              Algo se aproximaba desde la linde del bosque,


              algo que no era una hormiga: era más grande, y


              tenía más patas. Los estaba observando; no había

              otra  forma  de  definirlo.  Ostentaba  unos  orbes


              oscuros  y  gigantescos,  como  las  cavidades


              oculares  de  una  calavera,  y  se  acercaba  con

              movimientos súbitos, un correteo veloz, y luego


              se paró y se los quedó mirando de nuevo.



              Era una araña, una araña monstruosa como una


              mano  espinosa  y  retorcida.  Holsten  se  quedó

              mirando  su  cuerpo  peludo,  sus  piernas


              separadas,  los  colmillos  curvos.  Cuando  su


              mirada  se  desplazó  hacia  los  dos  ojos  enormes


              que ocupaban en buena medida su parte frontal,

              sintió  una  insoportable  sensación  de  contacto,


              como si la araña estuviera ocupando un territorio


              que  Holsten  solo  había  compartido  con  otros

              humanos hasta ese momento.



              Scoles alzó la pistola, con la mano temblorosa.



              —Como  en  la  grabación  del  dron  —dijo  Lian


              despacio—. Joder, es tan larga como mi brazo.


              —¿Por qué nos está mirando? —exigió Nessel.



              Scoles blasfemó, y entonces la pistola resonó en


              su  mano,  y  Holsten  vio  que  el  monstruo


              agazapado  se  giraba  en  un  súbito  agitar  de

              miembros convulsos. La expresión del cabecilla


              de  los  amotinados  se  estaba  convirtiendo






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