Page 181 - El hombre ilustrado - Ray Bradbury
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Las rocas subían rápidamente hacia él y se vio a sí
mismo aplastado contra ellas y enviado a la gloria.
—¿Por qué he hecho esto? —Pero sabía por qué. Se
tranquilizó. El viento rugía y las rocas venían a
recibirlo.
Y de pronto, un movimiento de estrellas, un
resplandor azul, y el padre Peregrine se vio
envuelto en una luz celeste, y suspendido en el aire.
Un momento después era depositado, con un golpe
suave, sobre las rocas. Y allí se sentó, vivo,
palpándose el cuerpo, y clavando los ojos en esas
luces azules que ya se habían retirado.
—¡Me habéis salvado la vida! —murmuró—. No
me dejasteis morir. Sabíais que estaba equivocado.
Corrió hacia el padre Stone, que dormía aún,
tranquilamente.
—¡Padre, padre, despierte! —Lo sacudió, y lo
volvió hacia él—. ¡Padre, me han salvado!
—¿Quién lo ha salvado? —El padre Stone parpadeó
incorporándose.
El padre Peregrine relató su experiencia.
—Un sueño, una pesadilla. Vamos, duérmase otra
vez —dijo el padre Stone irritado—. Usted y sus
globos de circo.
—¡Pero estaba despierto!
—Vamos, vamos, padre. Cálmese.
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