Page 176 - El hombre ilustrado - Ray Bradbury
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—No son animales, padre Stone. Los animales no
salvan vidas, y menos aún vidas extrañas.
Misericordia y compasión, eso hemos visto. Quizá,
mañana, podamos probar algo más.
—¿Probar qué? ¿Cómo? —El padre Stone sentía
una inmensa fatiga. Su rostro endurecido reflejaba
la violencia por la que habían pasado su cuerpo y
su mente—. ¿Siguiéndolos en helicópteros,
leyéndoles capítulos y versículos? No son seres
humanos. No tienen ojos, ni oídos, ni cuerpos como
los nuestros.
—Pero yo he sentido algo ante ellos —replicó el
padre Peregrine—. Siento que va a revelárseme
algo muy importante. Nos salvaron. Piensan.
Podían elegir: dejarnos morir o salvarnos. ¡Esto
prueba la existencia de un libre albedrío!
El padre Stone estaba ocupado en encender un
fuego, mirando las ramitas que tenía en la mano,
tosiendo ante la humareda gris.
—Abriré un convento para ocas, un monasterio
para cerdos devotos, y construiré una microscópica
capilla para que los infusorios puedan asistir a los
servicios dominicales y pasen las cuentas del
rosario entre sus flagelos.
—Oh, padre Stone.
—Perdóneme. —El padre Stone, enrojecido,
parpadeó a través del fuego—. Pero esto es como
bendecir a un cocodrilo que va a devorarnos. Está
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