Page 240 - El hombre ilustrado - Ray Bradbury
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ahí. Estuviste ahí durante una breve fracción de
segundo, pero quisiera saber si estás… ahora.
—Te veré luego —dijo Clemens. Y se alejó en busca
del doctor.
Sonó una campana. Sonaron dos campanas, tres
campanas. El cohete se balanceó como empujado
por una mano. Hubo un sonido de succión, el
sonido de una aspiradora. Clemens oyó unos gritos
y sintió que el aire se enrarecía. El aire huía,
silbándole en los oídos. De pronto no hubo nada.
Nada en su nariz. Nada en sus pulmones. Se
tambaleó, y el silbido se detuvo.
Oyó que alguien gritaba:
—¡Un meteoro!
—¡Ya está tapado! —dijo otro.
Así era. La soldadora de emergencia había tapado,
desde el exterior, el agujero del casco.
Alguien que hablaba y hablaba, se echó a llorar.
Clemens corrió por el corredor. El aire era ahora
fresco y denso. Clemens llegó a una puerta. Vio el
agujero recién cerrado en el casco de metal; vio los
fragmentos del meteoro desparramados por el
cuarto como los trozos de un juguete; vio al capitán
y los tripulantes, y un hombre que yacía en el suelo.
Era Hitchcock. Tenía los ojos cerrados, y lloraba.
—Trató de matarme —decía, una y otra vez—.
Trató de matarme. —Lo pusieron de pie—. Estas
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