Page 99 - El hombre ilustrado - Ray Bradbury
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sonoramente, se llevaba las manos a la cintura, y
sacudía la cabeza.
El alcalde de la ciudad vino a su encuentro. Martín
instaló un trípode, atornilló una caja, y encendió las
baterías.
—¿Es usted el alcalde? —dijo el capitán apuntando
al alcalde con el dedo.
—Sí, señor —dijo el alcalde.
El delicado aparato se alzaba entre el alcalde y el
capitán, manejado por Martin y el asistente. La caja
traducía instantáneamente cualquier idioma. Las
palabras crepitaban en el aire suave de la ciudad.
—Acerca de ese acontecimiento de ayer —dijo el
capitán—, ¿ocurrió realmente?
—Sí, señor.
—¿Tienen testigos?
—Los tenemos.
—¿Podemos hablar con ellos?
—Pueden hablar con cualquiera de nosotros —dijo
el alcalde—. Todos somos testigos.
—Alucinación colectiva —le dijo el capitán a
Martin. Y luego añadió, dirigiéndose al alcalde—:
Ese hombre… ese extranjero… ¿qué aspecto tiene?
—Es difícil explicarlo —dijo el alcalde sonriendo.
—¿Por qué?
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