Page 573 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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de emoción, pero parecía más cómodo con la
histeria que con, digamos, una invitación para
jugar a las casitas o un ataque de risa. Levantó a
Nell, la llevó al otro lado de la habitación
sosteniéndola a un brazo de distancia y la sentó
en una silla de cuero.
Salió de la habitación un momento y volvió
con un gran vaso de agua, y cuidadosamente se
lo puso en las manos.
—Debes respirar profundamente y beberte el
agua —le dijo, de manera casi inaudible; parecía
que llevaba mucho tiempo diciéndolo.
Nell se sorprendió un poco al ver que no
lloraba para siempre, aunque le vinieron
algunas recaídas que tuvieron que ser tratadas
de la misma forma. Seguía intentado decir:
—No puedo dejar de llorar —soltando las
sílabas una a una.
La décima o undécima vez que lo intentó, el
condestable Moore le dijo:
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