Page 715 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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luz  de  las  ventanas,  y  en  el  largo  pasillo  que


              llevaba  al  salón  del  trono,  las  antorchas


              colgaban frías y negras en los candelabros. De.


              vez  en  cuando,  la  Princesa  Nell  veía  otros


              soldados  armados  en  guardia  pero,  como


              ninguno de ellos se movía, no sabía si eran ar‐


              maduras vacías u hombres de verdad.


                  En  ningún  lugar  vio  señales  de  comercio  o


              actividad  humana:  excrementos  de  caballo,


              pieles de naranja, perros ladrando, alcantarillas


              funcionando.  Para  su  alarma,  vio  un  gran


              número de cadenas. Las cadenas tenían todas el


              mismo  diseño  peculiar,  y  las  veía  por  todas


              partes: apiladas en montones en las esquinas de


              los  callejones,  saliendo  de  cestos  de  metal,


              colgando de los tejados, colocadas alrededor de


              los torres.


                  El  ruido  metálico  de  los  hombres  que  la


              llevaban le hacían difícil oír nada más; pero al


              avanzar  por  el  interior  del  castillo,  fue


              consciente de  un  ruido  profundo,  un gruñido


              agudo  que  llenaba  todo  el  sillar.  El  ruido


              aumentaba al acercarse al final del largo pasillo,


              y se hizo casi insoportable al entrar finalmente


              en el salón del trono en el mismo corazón del


              castillo.






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