Page 718 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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armaduras,  sino  simplemente  hombres  me‐


               cánicos,  y  probablemente  lo  mismo  era  cierto


               para el mismísimo duque de Turing.







                  Después de una conversación corta y no muy


               interesante,  durante  la  cual  la  Princesa  Nell


               intentó sin éxito descubrir si el duque era hu‐


               mano  o  no,  él  le  dijo,  sin  emoción,  que  iba  a


               arrojarla a un calabozo para siempre.





                  Eso  ya  no  sorprendía  ni  molestaba  a  Nell,


               porque  eso  había  sucedido  cientos  de  veces


               durante  su  relación  con  el  Manual.  Además,


               conocía,  desde  el  primer  día  en  que  Harv  le


               había dado el libro, como acababa la historia.


               Se trataba simplemente de que la historia era


               anfractuosa; desarrollaba más ramificaciones al


               leerla con mayor atención.



                  Uno de los soldados se separó de su caja de


               cambios en la pared, fue a una esquina y cogió


               una cesta de metal con las peculiares cadenas


               que  lo  Princesa  Nell  había  visto  por  todas


               partes.  La  llevó  al  trono,  buscó  hasta  que


               encontró el final, y lo metió en un agujero al lado


               del trono. Mientras tanto, un segundo soldado


               también  se  había  separado  de  la  pared  y  se



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