Page 714 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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supuso, porque no podía ver la cara a través de


              las finas rendijas del yelmo.


                 —Buenas  tardes  —dijo  la  Princesa  Nell—.


              Discúlpeme, pero viajo por estas regiones, y me


              preguntaba si tendrían la amabilidad de darme


              cobijo por esta noche.


                 Sin  una  palabra,  el  guardián  cerró  la


              ventanilla. Nell pudo oír los crujidos y ruidos


              metálicos de la armadura al alejarse lentamente.


                 Algunos  minutos  más  tarde,  lo  oyó  volver,


              aunque esta vez el ruido venía duplicado. Las


              oxidadas  cerraduras  de  la  puerta  falsa


              chirriaron. La puerta se abrió, y la Princesa Nell


              se echó atrás porque a su alrededor volaban los


              trozos  de  óxido,  líquenes  y  fragmentos  de


              moho.  Frente  a  ella  había  dos  hombres  con


              armadura  haciéndole  señas  para  que  los


              siguiera.


                 Nell atravesó la puerta y entró en los oscuros


              pasajes  del  castillo.  La  puerta  se  cerró  a  su


              espalda. Un aro de hierro se cerró alrededor de


              cada  brozo  de  Nell;  los  hombres  la  habían


              agarrado con los guantes. La levantaron en el


              aire  y  la  llevaron  durante  unos  minutos  por


              pasadizos,  escaleras  y  corredores  del  castillo.


              Todo estaba desierto. Ni siquiera vio una rata o


              un ratón. No salía humo de las chimeneas, ni


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