Page 873 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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pero estaban impresas en viejo papel y no
contenían fuentes de energía, así que finalmente
tuvo que emplear la linterna que colgaba de la
cadena del reloj. Aparentemente satisfecho por
haber llegado al sitio correcto, le ofreció el brazo
a Piona y la escoltó por la pasarela hasta el
embarcadero. Una pequeña luz parpadeante se
dirigió hacia ellos y se convirtió en un hombre
afrocaribeño, que llevaba gafas sin montura y
portaba una antigua linterna de tormenta. Piona
le miró la cara cuando sus enormes ojos,
amarillos como viejas bolas de billar de marfil,
examinaron las entradas. Su piel era rica y cálida,
y brillaba bajo la luz de la linterna, y olía
ligeramente a limón combinado con algo más
oscuro y menos agradable. Cuando terminó,
miró arriba, no a los Hackworth sino a la
distancia, se dio la vuelta y se alejó. John
Hackworth se quedó quieto durante unos mi‐
nutos, esperando instrucciones, luego se
envaró, cuadró los hombros y guió a Piona por
el embarcadero hacia el bote.
Tenía unos ocho o diez metros de largo. No
había pasarela, y las personas que ya estaban a
bordo tuvieron que agarrarles de los brazos y
ayudarles a subir, una violación de la etiqueta se
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