Page 877 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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enfocaban sus haces sobre Piona, cuya falda se


              habían inflado al saltar con los pies por delante


              y ahora la rodeaba como una balsa de flores. Con


              una mano agarraba el cuello del hombre nipón


              y con la otra el asa de la nevera. No tenía ni la


              fuerza  ni  un  punto  de  apoyo  como  para


              mantener al borracho fuera del agua, y ambos


              quedaban cubiertos por las olas del estuario.





                 El hombre de los bucles subió aʹFiona primero


              y  se  la  pasó  a  su  padre.  Las  fabrículas  que


              formaban sus ropas —incontables bichos unidos


              en  una  matriz  bidimensional—  se  pusieron  a


              trabajar  expulsando  el  agua  atrapada  en  los


              intersticios. Piona estaba envuelta en un sinuoso


              velo de niebla que ardía con la luz capturada de


              las  linternas.  Su  grueso  pelo  rojo  había  sido


              liberado del abrazo de su sombrero, que las olas


              le habían arrancado y ahora caía sobre ella como


              una capa de fuego.





                 Miraba  desafiante  a  Hackworth,  cuyas


              glándulas                de        adrenalina                 habían            salido


              finalmente  a  la  refriega  endocrinológica.


              Cuando vio a su hija de esa forma, sintió como


              si  alguien  le  estuviese  pasando  un  bloque  de


              hielo de cuarenta kilos por la columna vertebral.


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