Page 878 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 878

Cuando  la  sensación  llegó  a  la  médula,  se


              tambaleó  y  casi  tuvo  que  sentarse.  De  alguna


              forma, ella había saltado una barrera invisible y


              desconocida  y  se  había  convertido  en


              sobrenatural, una náyade elevándose de las olas


              rodeada  de  fuego  y  vapor.  En  algún


              compartimento racional de su mente que ahora


              se  había  hecho  irrelevante,  Hackworth  se


              preguntó si Dramatis Personae (porque ése era


              el  nombre  de  la  compañía  que  organizaba  el


              espectáculo) le había metido algunos nanositos


              en  el  sistema,  y  en  ese  caso  qué  le  estaban


              haciendo a su mente.





                  El agua salió de la falda de Piona y corrió por


              el suelo, y entonces quedó seca, excepto por la


              cara y el pelo. Se frotó la cara con las mangas,


              ignorando el pañuelo que le ofrecía su padre.


              No  se  hablaron,  y  no  se  abrazaron,  como  si


              Piona  fuese  consciente  ahora  del impacto  que


              provocaba en su padre y en todos los demás: una


              facultad que, supuso Hackworth, debía de ser


              muy aguda en las chicas de dieciséis años. Para


              entonces, el hombre nipón había casi terminado


              de  escupir  agua  de  los  pulmones  y  tragar


              miserablemente aire. Tan pronto como tuvo el






                                                                                                     878
   873   874   875   876   877   878   879   880   881   882   883