Page 874 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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produjo con tal rapidez que no tuvieron tiempo
de sentirse incómodos.
El bote era básicamente una bañera grande y
plana, no mucho mayor que una balsa
salvavidas, con algunos controles a proa y algún
tipo de moderno, y por tanto despreciable,
pequeño sistema de propulsión a popa. Cuando
los ojos se ajustaron a la débil luz que se dis‐
persaba en la niebla, pudieron ver quizás a una
docena más de pasajeros alrededor del borde
del bote, sentados para que las conmociones de
los barcos al pasar no les molestasen. Viendo la
sabiduría de aquello, John llevó a Piona al único
espacio libre, y se sentaron entre otros dos
grupos: un trío de jóvenes nipones que se
obligaban a fumar unos a otros, y un hombre y
una mujer con ropas bohemias pero caras, be‐
biendo cerveza de lata y hablando con acento
canadiense.
El hombre del embarcadero soltó amarras y
saltó a bordo. Otro funcionario había tomado
los controles y aceleraba suavemente en la
corriente, cortando la aceleración un momento
determinado y enviándolo contra una ola.
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