Page 925 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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dejó la furia de la tormenta atrás y se metió en
una masa de lluvia tan densa como una selva.
Estaba bien que se hubiese detenido durante
unos días al pie de las montañas para repasar los
libros mágicos de Púrpura, porque en su paso
nocturno por entre las montañas había usado
todos los hechizos que Púrpura le había ense‐
ñado: hechizos para producir luz, para elegir el
camino correcto, para calmar a los animales y
calentar cuerpos congelados, para elevar su
coraje, para sentir la aproximación de cualquier
monstruo lo bastante estúpido para salir con
aquel tiempo, y para derrotar a aquellos lo
bastante desesperados para atacar. El camino
nocturno era, quizás, un acto impetuoso, pero la
Princesa Nell demostró ser capaz de superarlo.
El Rey Coyote no podía esperar que ella hiciese
algo así. Al día siguiente, cuando la tormenta se
despejase, él enviaría los cuervos centinelas al
paso y al valle para espiarla, como había hecho
durante los últimos días, y regresarían con malas
noticias: ¡la Princesa Nell se había desvanecido!
Incluso los mejores rastreadores del Rey Coyote
no podrían seguir su rastro desde el
campamento del día anterior, habiendo cubierto
con tanta habilidad sus huellas y habiendo
colocado otras falsas.
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