Page 927 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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después del bosque, detuvo el caballo y miró


              durante un momento, asombrada ante su pri‐


              mera visión del Castillo del Rey Coyote.


                  Nunca  había  visto  uno  igual  en  rodos  sus


              viajes  por  Tierra  Más  Allá.  Su  base  era  tan


              grande  como  una  montaña,  y  sus  paredes  se


              elevaban rectas y puras hacia las nubes. Nubes


              galácticas  de  luz  brillaban  en  la  miríada  de


              ventanas.  Estaba  guardado  por  poderosos


              empalizadas, cada una constituía un castillo por


              derecho  propio,  pero  edificado  no  sobre


              cimientos  de  piedras,  sino  sobre  las  mismas


              nubes; porque el Rey Coyote, en su inteligencia,


              había  inventado  una  formo  de  hacer  que  los


              edificios florasen en el aire.


                  La  Princesa  Nell  hizo  moverse  oí  caballo,


              porque  incluso  en  su  distracción  sentía  que


              alguien podría estar vigilando el gran camino


              desde  uno  de  los  brillantes  miradores  del


              castillo.  Galopando  hacía  el  castillo,  se


              encontraba  dividida  entre  la  sensación  de  su


              propio estupidez ante asaltar una fortaleza tan


              poderosa y la admiración ante la obra del Rey


              Coyote.  Ligeras  nubes  de  diáfana  oscuridad


              corrían entre las torres y las empalizadas y, al


              acercarse,  lo  Princesa  Nell  vio  que  eran


              regimientos  de  cuervos  que  realizaban  sus


                                                                                                     927
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