Page 929 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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varios contingentes que giraron en el airé y
atacaron desde varias direcciones,
convergiendo sobre ella, pasando tan cerco que
el viento de sus alas le movió el pelo, y
finalmente volviendo a formar un grupo
disciplinado y regresando a la empalizada sin
mirar atrás. Aparentemente había pasado la
inspección. Cuando llegó a la inmensa puerta,
estaba abierta para ella y nadie la defendía. La
Princesa Nell entró en las grandes calles del
Castillo del Rey Coyote.
Era el lugar más elegante que había visto
nunca. Allí el oro y el cristal no estaban
escondidos en el tesoro del Rey sino que se
usaban como material de construcción. Se veían
cosas verdes en crecimiento por todos partes,
porque el Rey Coyote se sentía fascinado por los
secretos de la naturaleza y había enviado a sus
agentes a las regiones más remotas del mundo
en busca de simientes exóticas. Los amplios
bulevares de la ciudad del Rey Coyote estaban
bordeados de árboles cuyas ramas arqueadas se
unían sobre los sillares y formaban una bóveda
vegetal. El envés de las hojas era plateado y
parecía emitir una luz suave, y las ramas estaban
repletas de bromelias violetas y rojas del
tamaño de calderos, produciendo un aroma
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