Page 930 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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dulce e intenso, rodeadas de ruiseñores de
buche rojo y llenas de agua en la que vivían
pequeñas ranas y escarabajos fluorescentes.
La Ruta de los Mensajeros estaba marcada con
placas de bronce pulido entre las piedras del
pavimento. La Princesa Nell las siguió por el
gran bulevar, por un porque que rodeaba la
ciudad, y una calle que subía en espiral
alrededor de un promontorio central. Al
llevarlo el caballo hacia las nubes, sus oídos
saltaban una y otra vez, y en cada curva del
camino disfrutaba de una inmensa vista de la
parte baja de la ciudad y de la constelación de
grandes empalizadas sobre las que volaban los
cuervos centinelas, yendo y viniendo en
escuadrillas y escuadrones, trayendo noticias de
cada rincón del imperio.
Pasó al lado de un solar donde el Rey Coyote
construía; pero en lugar de un ejército de
albañiles y carpinteros, el constructor era un
único hombre, un tipo regordete de barba gris
que fumaba una larga pipa y que llevaba una
bolsa de cuero al cinto. Una vez llegado al
centro del emplazamiento del nuevo edificio,
buscó en la bolsa y sacó una gran semilla del
tamaño de una manzana y la tiró al suelo. Para
cuando el hombre había regresado o la carretera
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