Page 960 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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al  gran  lago  Tai  Wu,  o  Taifu  como  lo  pro‐


              nunciaban  los  shaghaineses.  Un  domo  gris  se


              elevó desde los arrozales a unos kilómetros de


              distancia, proyectando una sombra sobre el gru‐


              po  de  altos  edificios,  y  Hackworth  supo  que


              debía de ser Suzhou, ahora una plaza fuerte del


              Reino Celeste, oculta tras el escudo volador co‐


              mo una cortesana tras el brillo translúcido de la


              seda de Suzhou.





                  Cerca  de  la  orilla  del  gran  lago  encontró  el


              camino  a  una  carretera  importante  que  iba  al


              sur  hacia  Hangzhou.  Hizo  que  Secuestrador


              trotara  despacio  hacia  el  norte.  Suzhou  había


              tendido tentáculos de desarrollo por sus vías‐


              más  importantes,  por  lo  que  al  acercarse  vio


              franjas  de  centros  comerciales  y  franquicias


              ahora  destruidos,  abandonados  y  colonizados


              por refugiados. La mayor parte de esos lugares


              se dedicaban a los camioneros: muchos moteles,


              casinos, salones de té y restaurantes de comida


              rápida.  Pero  ningún  camión  recorría  ahora  la


              autopista, y Hackworth cabalgaba por el centro


              de  un  carril,  sudando  incontroladamente


              dentro de su ropa oscura y bebiendo frecuente‐


              mente de una botella refrigerada que guardaba


              en la guantera de Secuestrador.


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