Page 363 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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           voz ronca.


                  —Anoche  se  hizo  sentir  en  mi  casa  —le  respondí

           con  toda  sinceridad—.  Puede  que  todo  haya  sido  un


           susto.


                  —La mitad de mi familia ha muerto. Y mi casa se

           ha venido abajo. Y yo que cuando vine a Moscú pensé


           que aquí por lo menos no habría terremotos...


                  —Creo  que  hoy  en  día  se  pueden  producir  en

           cualquier  parte  del  mundo,  ¿sabe  usted?  —le  dije,

           mitad para él, mitad para mí mismo.


                  El hombre arrugó la frente.



                  —¿Lo ha leído usted en el periódico?


                  —No, en un libro.


                  El conductor asintió sin decir nada y se encerró una

           vez más en sus pensamientos. Hasta terminar el viaje,


           lo  único  que  interrumpió  el  silencio  fueron  sus

           palabrotas,  que  arrojaba  una  y  otra  vez  a  los  espacios

           siderales cada vez que el tráfico nos impedía avanzar.









                  El vigilante que montaba guardia a la entrada del

           edificio donde se hallaban las oficinas de Akab Tsin me


           reconoció y, sin hacerme más preguntas, me entregó un

           pase  de  visitante.  A  pesar  de  las  fiestas  y  de  las


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