Page 419 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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apartada, en un rincón, para verlo lo menos posible.
Allí estaba, como una vieja araña que tratara de
extender su finísima red de reflejos luminosos de un
extremo a otro de la habitación. Si por casualidad me
ponía a su alcance, el cristal de brillo deslustrado
capturaba mi mirada con avidez. Si lograba retenerme
por el rabillo del ojo, no me quedaba otro remedio que
resignarme y me acercaba a él durante unos segundos,
para verme a mí mismo en el cristal empañado por la
edad del viejo mueble y darle algo de vida.
En cierta ocasión, el taco podrido de madera no
había podido aguantar más su peso, y el espejo había
caído desde un metro de altura y se había estrellado
contra el suelo. Pero su calidad era tanta que sólo se
había desprendido una astilla del marco. No tuve
problemas para que me la volvieran a pegar en su sitio,
pero el carpintero me advirtió que otra caída como ésa
podía tener consecuencias fatales para el cristal.
Ese era el motivo por el que me había fijado en su
casi imperceptible desviación. Tenía que ponerlo bien y
comprobar si se había aflojado algo, tal vez como
consecuencia del terremoto. ¿Y si resultaba que, de
puro miedo, había tomado por una voz lejana lo que no
eran más que crujidos de su marco de madera?
Segundos después, no habría habido nadie capaz
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