Page 423 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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no salga de su piso ni le abra a nadie la puerta. Su vida
podría correr peligro.
¿Qué había sido del tono cínico y desdeñoso del
policía? Hablaba de manera muy distinta a la de
nuestro primer encuentro: muy serio y concentrado.
Podía ser que hubiera renunciado a hacer ese papel
porque había descubierto nuevos e intranquilizadores
detalles sobre el caso.
—¿Me oye usted bien, Dmitry Alexeyevich? ¡No
salga del piso bajo ninguna circunstancia! Espéreme. Iré
a su casa a primera hora de la mañana.
—Sí, sí, lo he entendido bien... ¿Ha sucedido algo?
—Si Nabatchikov tenía un motivo concreto para
preocuparse, quería saberlo cuanto antes.
—Se han producido varios asesinatos de carácter
ritual. Se trata de sectarios, tal vez de un culto
sacrifical... eh, tíos, ¿estáis idiotas o qué? ¡Esos ya no
están para meterlos en una ambulancia! ¡Embolsadlos y
aseguraos de que todo quede bien! —Estas últimas
palabras, naturalmente, no se dirigían a mí. Se oían mal,
porque, obviamente, había cubierto el auricular con la
mano.
—Pero dígame, por favor, ¿y eso qué tiene que ver
conmigo?
Me respondió en tono de reproche.
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