Page 428 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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—Es obvio que la señora no comprendió el valor de
su trabajo y metió las hojas en el armario de los
periódicos viejos. Parece ser que al asesino no se le
ocurrió buscarlas allí.
—Le juro que no... nuestra relación no era tan mala
como para que...
Dejé la frase a la mitad, porque mis pensamientos
iban ya en otra dirección. La pobre Serafima
Antonovna... yo había atribuido el robo de mis
traducciones a demonios y criaturas metamórficas, y
resultaba que se las había llevado mi indiscreta vecina.
Entonces, ¿la terrible muerte que había sufrido durante
la noche del terremoto no había sido casualidad?
Habían ido a buscarla con toda la intención, igual que
al empleado de la agencia. ¿Igual que a mí?
El detective, sin que se lo hubiera pedido, retomó el
hilo de mis pensamientos.
—Y tampoco nosotros nos habríamos fijado en
estos papeles, si no resultara que un tal Semyonov,
empleado de la agencia Asbuka, había desaparecido de
manera sospechosa. El método empleado era el mismo,
y no se necesitaba ser un genio para conectar ambos
asesinatos. Del tal Semyonov quedaron tan sólo cinco
litros de sangre esparcidos de manera irregular sobre
veinte metros cuadrados de oficina. Vaya casualidad: el
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