Page 425 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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sin embargo, éste sabía algo. En cualquier caso, estaba
dispuesto a contarle muchas cosas. La carga que
inopinadamente había caído sobre mis hombros era
demasiado onerosa para mí. ¿Tenía claro el policía todo
lo que le podía acarrear una conversación conmigo?
Seguramente lo presentía, porque, si no, no me habría
apremiado de esa manera.
Me eché en la cama, pero estaba tan nervioso que
me pasé la noche entera dando vueltas, y tan sólo logré
dormirme a medias hacia la hora del alba, sin llegar a
reposar de verdad. Entonces oí que el detective subía
por la escalera y acudí a la puerta cuando estaba a
punto de llamar al timbre.
Nabatchikov llevaba un sencillo maletín de
imitación de cuero en la mano. Fue directo a la cocina,
sin descalzarse, como si estuviera en su casa. Dejó el
maletín sobre la mesa y me miró expresivamente.
Aguardé a que hablara.
—¿No se le habría ocurrido que su implicación en
este asunto pasaría inadvertida a los cuerpos y fuerzas
de seguridad? —me preguntó, y me miró con una
sonrisa irónica y benévola, como si se hubiera tratado
del Gran Inquisidor.
—Trate de comprenderme —empecé a decirle,
nervioso—, las circunstancias son tan excepcionales que
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