Page 440 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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día para otro, la temperatura había subido, los cúmulos
de nieve se habían enturbiado y se fundían como
terrones de azúcar dentro de una taza de té. Mis pies
chapoteaban en el fango y estaba claro que las botas y
los bajos del pantalón estarían hechos una porquería al
cabo de cien metros. La atmósfera estaba extrañamente
cálida y húmeda.
Corrí con todas mis fuerzas hasta quedarme sin
aliento, y luego proseguí a paso ligero, hasta que por
fin, agotado, arrastraba los pies. Pasé entre edificios
destruidos de los que escapaban pequeños grupos de
personas dominadas por el pánico, entre mujeres
llorosas y niños que chillaban, entre coches abollados y
tiendas de campaña que empezaban a aparecer, entre
hileras de tremendas bolsas de plástico negro, entre
hombres que les hablaban a las bolsas como si sus hijas,
sus padres, sus mujeres, aún hubieran podido
escucharlos...
Moscú ya no era la misma. El esplendor de la
ciudad, su ociosa y satisfecha vanidad, se habían
desvanecido, como si le hubiesen dado una única y
sonora bofetada. Sus habitantes, normalmente seguros
de sí mismos y presuntuosos, se veían impotentes,
amenazados por todas partes. Las guirnaldas de
bombillas y los carteles con los alegres saludos de Año
Nuevo estaban destrozados, y un viento fuerte que olía
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