Page 456 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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¿Y la antigua biblioteca? ¿Estaría intacta? Sentí un
aguijonazo en el pecho: aquel discreto edificio en Arbat
que casi nadie necesitaba para nada era uno de los
pocos lugares de Moscú que me inspiraba una
inexplicable ternura.
El terremoto lo había respetado. Aquel edificio de
madera del siglo XIX era más estable que los
monumentales bloques del estalinismo y los ostentosos
edificios de pisos de alto standing que se construían los
ricos con dudoso gusto, y también que las chabolas de
varias plantas de la época de Khruschov. Los precintos
de la Brigada Criminal se habían roto.
Sin saber muy bien por qué, me acerqué a la puerta
y agarré el picaporte. Giró con inesperada facilidad y la
puerta se abrió con un desagradable chirrido. Eché una
rápida ojeada a mi alrededor y luego entré. El alboroto
me vino de perlas: reinaba tal agitación que nadie me
vio entrar en el edificio de oficinas abandonado.
En el interior reinaba la penumbra y el aire estaba
viciado como el de una cripta cerrada durante siglos.
Más adentro se distinguía como una franja en el suelo...
era oscura y siniestra. Saltaba a la vista que la policía
aún no había autorizado al propietario de las oficinas a
entrar en el edificio.
Aparté la mirada de ella y me acerqué a la mesa
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