Page 457 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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donde solía recibirme el bilioso Semyonov. La escasa
luz no me permitía ver bien su lugar de trabajo, pero
me imaginaba lo que encontraría allí.
Estaba sobre el mostrador... entre el yeso que se
había desprendido del techo y el polvo de los libros. Me
bastó con palpar el cuero cuidadosamente trabajado
para reconocerla... la carpeta con el monograma dorado
en la que me habían entregado el primer, no, en
realidad, el segundo capítulo del antiguo libro.
No perdí mucho tiempo en buscar explicaciones,
sino que agarré la carpeta, me marché precipitadamente
de la biblioteca y anduve a toda prisa hasta mi hogar,
hasta mi cueva. No temía ya al terremoto, ni a los
monstruos, ni siquiera a la policía. Sólo a una cosa:
despertarme en la cama cubierto de sudor y cerrar
espasmódicamente las manos vacías que hacía tan sólo
unos instantes habían sujetado un tesoro sin precio... la
redención por la que había rogado con tanto anhelo, y
que tanto me había torturado.
Encima de todo había una hoja cuadriculada,
doblada por dos pliegues, pero debajo de ella las
descubrí en seguida: ¡Las páginas de mi crónica! Con
manos temblorosas aparté la hoja... podía esperar. El
mundo entero podía esperar...
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