Page 458 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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Que pasé cinco días y cuatro noches en la mencionada
poza —o cenote, como la llamaban los indios—, y que las
circunstancias del tiempo que pasé en dicha poza, así como el
modo de mi liberación, fueron sobremanera extraños y
prodigiosos.
Que faltaban varias semanas para el inicio de la estación
lluviosa en Yucatán y los días eran sumamente cálidos y
secos, y que logré resistir el martirio de la sed tan sólo porque
a la primera hora de la mañana lamía las gotas de rocío en las
paredes de piedra del cenote. Pero, más que humedad,
necesitaba esperanza en la salvación, que, sin embargo,
parecía alejarse con cada hora que transcurría en esa
mazmorra.
Que en el primer día conservaba la esperanza de que el
señor Vasco de Aguilar recordase los deberes que le imponían
suposición en la corte y su noble estirpe, que se acordara de
las batallas en las que peleamos hombro con hombro y nos
cubrirnos mutuamente las espaldas, y que finalmente
regresara a librarme del cautiverio. Pero se ve que el maldito
fray Joaquín, esa serpiente de lengua bífida, pesó en su ánimo
mucho más que en su posición y su honor. Júzguelo Dios.
Que en el primer día, y también en el segundo, grité y
llamé a voces desde el fondo de la poza, con el intento de hacer
regresar al desleal Vasco de Aguilar, o a alguno de los
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