Page 459 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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soldados que tal vez pudiera resolverse a acudir en mi auxilio,
puesto que siempre me había mostrado clemente y dulce con
ellos. Que, sin embargo, no vino nadie, y entonces empecé a
gritar con más fuerza, con la esperanza de que los indios me
encontrasen y me sacaran de allí, o que, por lo menos, me
mataran, ya fuera por miedo o por compasión.
Que al final del segundo día me quedé sin voz por causa
de mis gritos incesantes y no pude solicitar ya el auxilio de
nadie. Que en el mismo instante empezaron a abandonarme
mis fuerzas y me pasé casi todo el tiempo tendido en el suelo,
con el rostro en tierra, y le rogué misericordia al Señor. Que
la pierna se me hinchó y se me ennegreció, y que el dolor se
me hizo insoportable. Que la idea de una muerte lenta y
dolorosa me repugnó de tal manera que pensé en poner fin a
mi propia vida para evitar la prolongación del dolor. Que se
me ocurrió intentarlo con un cuchillo indio que había
descubierto debajo de los huesos y calaveras esparcidos por el
suelo.
Que, sin embargo, al llegar la tercera noche, cuando
había renunciado ya a toda esperanza de salvación, tuvo
lugar un acontecimiento maravilloso, que impidió que llevara
a cabo mi pecaminoso propósito.
Habría que explicar que la ciudad en la que se hallaban el
cenote y la pirámide era un lugar abandonado, desierto. Que
lo evitaban incluso los animales salvajes y las aves, por lo que
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