Page 488 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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Cuando de nuevo levanté la mirada, me santigüé
sin quererlo. Mi alma estaba llena de una mezcla de
ateísmo y supersticiones mayas, pero mis manos
hicieron de manera automática ese signo de
protección... probablemente porque existe una memoria
genética.
Era un ser humano.
A través de la chaqueta que llevaba abierta, vi una
herida negra y tremenda en su pecho. Tenía la cabeza
gacha, le colgaba hacia un lado, pero entonces la
sacudió y la levantó.
Era Nabatchikov. A pesar de haber muerto sin
remedio, por algún motivo incomprensible aún se tenía
en pie. Sus ojos blancos, sin vida, miraban al vacío, y
unos restos secos de espuma sanguinolenta le
ensuciaban los labios y las fosas nasales. Uno de sus
brazos retorcidos de manera antinatural oprimía el
funesto maletín contra el costado. Las rodillas del
desgraciado detective estaban ligeramente dobladas y
la parte superior del tronco colgaba pesadamente hacia
adelante. Una postura que se contradecía con toda
representación coherente del equilibrio y el movimiento
del cuerpo humano. Una postura en la que sería
imposible mantenerse en pie, porque...
Oh, Dios mío.
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