Page 493 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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           público.  Pero  había  algo  que  no  encajaba;  al  mismo

           tiempo que escuchaba los ladridos del perro, sentí que

           en  mi  recuerdo  se  agitaban  imágenes  borrosas,  medio


           olvidadas.  Algo  que  tenía  que  ver  con  fray  Diego  de

           Landa...


                  Se trataba de la historia del celador del monasterio


           del  Arcángel  San  Miguel  de  Maní.  El  ladrido  de  sus

           perros guardianes lo despertó y éstos lo llevaron hasta


           la  cueva  secreta  de  los  mayas,  no  muy  lejos  de  la

           capilla. Si había que creer a Landa, todo empezó con ese

           descubrimiento,  hace  cinco  siglos.  ¿Qué  habría


           descubierto mi perro? La puerta estaba bien cerrada y

           no logré ver lo que se ocultaba dentro. Pero decidí que

           acudiría al mismo lugar esa misma mañana. Para estar


           seguro,  me  mordí  la  mano,  para  que  la  marca  de  los

           dientes  me  lo  recordara.  Mientras  soñamos,  hacemos

           cosas inexplicables.









                  Desperté por segunda vez en el mismo lugar, y una

           vez  más  sentí  los  inevitables  síntomas  de  una  fuerte


           resaca.  En  esta  ocasión  eran  todavía  más  dolorosos.  Y

           me había despertado de verdad. Una sed insoportable

           me atormentaba, el suelo estaba hecho un asco y tenía


           una bola de hierro que me rebotaba dentro del cráneo,



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