Page 491 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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Mi perro. Eso significaba que aún dormía, aunque la
resaca fuera de lo más realista. Todo como en la vida
real, incluso los problemas que tuve con mi sentido del
equilibrio cuando traté de levantarme.
El animal estaba allí, muy agitado. Gimoteaba con
impaciencia, dispuesto a saltarme encima en cuanto le
hiciera un poco de caso. Le di unas palmaditas en la
nuca y entonces se levantó sobre las patas delanteras y
consiguió lamerme la nariz. Luego se marchó corriendo
por el pasillo y volvió con la correa entre los dientes.
No me quedó ninguna duda: era un sueño y se
desenvolvía de acuerdo con el patrón ordinario. Di
gracias a los dioses, porque el encuentro nocturno con
Nabatchikov en el bulevar había llegado a convencerme
de que los últimos días no habían sido otra cosa que
una única pesadilla de cuyo peso insoportable no podía
escapar, y que por eso mismo, llevado por la
desesperación, había empezado a confundir con la
realidad. Pero no podía darse un sueño dentro de otro
sueño. ¿Verdad?
En realidad no tenía ganas de salir del piso. Pero el
perro no me dejaba en paz y finalmente tuve que
rendirme. Al fin y al cabo, no era más que una ilusión, y
hacía mucho tiempo que no lo sacaba a pasear.
Las casas y las calles no eran meros decorados,
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