Page 500 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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románticas de Utyosov, pasando por los Beatles y por
música pop actual. Contemplar las casas, mirar por sus
ventanas y escuchar cómo cambiaba la música me
resultaba tan fascinante que ni siquiera me di cuenta de
que los números de tres cifras ya sólo tenían dos. El
pasaje se ensanchaba cada vez más y desembocó en una
plazoleta en la que había edificios semejantes a
pirámides.
La casa que tenía el número 23 era gigantesca y se
asemejaba a un palacio de la antigua Roma. Me la
encontré de cara al entrar en la plaza, mientras que las
exóticas y misteriosas pirámides quedaban algo más
lejos. Le eché el freno a mi curiosidad y me detuve ante
su puerta. Estaba hecha con grandes tablones de
madera y era muy alta, como si no estuviera destinada
a seres humanos, sino a los demiurgos del futuro.
Recordaba las puertas de los ministerios soviéticos y las
entradas de las estaciones de metro construidas en
época de Stalin.
Detrás de la ventana de cristal que había en la
puerta colgaba un trozo de cartón en el que alguien
había escrito: «La entrada al Museo en Honor de V.
Anisimova se encuentra al otro lado del edificio». De
todos modos, tiré del picaporte y la puerta se abrió.
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