Page 516 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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—En su época fue uno de los cazas más modernos y
temidos del mundo —me explicó el viejo, como si me
hubiera leído el pensamiento—. Los alemanes le tenían
más miedo que al fuego. Tan sólo luché hacia el final de
la guerra... todavía era demasiado joven. Participé en
un par de salidas como mecánico de a bordo. Pero el
resto de la escuadrilla se componía de pilotos
experimentados que habían luchado durante casi toda
la guerra entre Moscú y Berlín. En esa época, de joven,
aprendí a querer a esa gente, y también a amar la
aviación. En cuanto hube terminado el servicio, estudié
en una escuela universitaria, porque soñaba con
trabajar en un despacho de arquitectos. Si en aquella
época me hubieran dicho que me pasaría el resto de mi
vida estudiando a los mayas, me hubiese reído...
Siguió hablándome de su destino, y de lo grande
que había sido el honor de luchar en compañía de
aquellos pilotos experimentados. Era evidente que esa
experiencia había dejado una profunda huella en él, y
que se había pasado casi toda su juventud a la sombra
de las alas de un La‐5.
Y entonces, de pronto, recordé —las últimas
semanas me habían enseñado a no creer en
casualidades— de qué conocía el nombre y la silueta
del avión de Knorozov: los había visto en el artículo de
periódico en el que se contaban los planes para erigir
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