Page 57 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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sacan  afuera  y  le  golpean  las  piernas  desnudas;

               temor de identificarnos con él...

                      En busca de ropas. El uniforme. Extraña alegría


               al recibir la chaqueta azul. ¡Nos dan algo! Regalos

               del Granjero. Nos miramos unos a otros, tímidos.

               Sabemos  que  tendremos  que  conocernos,  pero


               ahora  sólo  pensamos  que  el  equipo  es  bueno,  de

               modo  que  algo  resplandece  en  nuestros  rostros.

               ¿Acaso no es signo de bondad el dar algo, aunque


               sea  con  golpes?  En  fila,  tomamos  las  cosas

               secretamente  complacidos,  se  nos  obliga  a  vestir


               nuestros pantalones y blusas de sarga azul. No hay

               diferencia de sexos, todos son pantalones y blusas.

               Nos quedamos allí esperando más gritos, todo es


               extraño. Nos miramos unos a otros, pero no nos

               atrevemos  a  hablar.  Los  guardianes  están  en  la


               puerta, charlando, riéndose a gritos.

                      Estamos allí un largo rato. Veo que las mangas

               de mi túnica son muy cortas; un hombre a mi lado


               con  una  marca  de  nacimiento  sobre  sus  cejas,

               escarlata —supe más tarde que se llamaba Duffy—

               ,  tenía  una  blusa  demasiado  grande  para  él.


               Nuestros  ojos  se  encontraron.  Todo  quedó

               calculado:  el  provecho,  el  riesgo.  Los  guardias

               hacían sonar sus


                      botas;  todas  las  máquinas  del  gobierno

               funcionan  del  mismo  modo:  infinita  confusión,


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