Page 60 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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cambié el uniforme con que comencé el período de
mi sentencia.
—No les importa que vosotros todos reventéis
—dijo Hammer una noche—. El cuerpo humano
proporciona valiosos fosfatos a la tierra. Valéis más
muertos que vivos, ¡y fíjate en toda esa preciosa
mugre que llevas encima!
Era cierto que las máquinas y robots eran más
valiosos que nosotros en el trabajo. Aún cuando se
tratase de mecanismos viejos y estropeados, eran
mejores que nosotros. Cada labrador consideraba
una cuestión de honor hacer su tarea con la mayor
lentitud y desgana posible, sin llegar a merecer un
latigazo del capataz.
De toda la gente triste y deshumanizada de
nuestra aldea, creo que yo era el único que sabía
leer; ese arte arcaico era mi más valiosa posesión. No
quise que nadie, ni siquiera Hammer, conociese mi
secreto.
Las sirenas nos despertaban temprano, y
enseguida una visita de los capataces que nos
llevaban a hacer nuestro trabajo. ¡La monotonía de
esa vida! Sólo variaba por las estaciones, que ni
siquiera el Granjero, allá en su ciudad, podía abolir.
Esos años fueron todo dureza. Pero a veces,
entre meses vacíos, había cosas mejores. Un gesto
amable de un hombre puede volver hermoso un día
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