Page 79 - Un Mundo Devastado - Brian W Aldiss
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editor y comentarista.

                      Después  de  esta  introducción,  el  lector  deberá

               imaginar mis sentimientos; estoy recostado sobre las


               bolsas, mirando a esos hombres andrajosos. Nadie

               hablaba,  yo  no  podía  hacerlo,  mi  cerebro  seguía

               embotado por la sensación de haber perdido el brazo.


               El  aliento  se  me  agolpaba  en  la  garganta,  y  sólo

               cambió su ritmo cuando el líder de los Viajeros se

               inclinó para mirarme.


                      Los  rostros  de  todos,  salvo  el  suyo,  eran  los

               rostros  de  los  hombres  y  mujeres  de  la  época:


               consumidos  y  secos  por  los  efectos  de  la  mala

               nutrición constante y la dureza de la vida, rostros en

               los  que  podía  leerse  la  determinación  de  luchar  lo


               poco que pudieran, y esa especie de inteligencia que

               se conoce con el nombre de astucia. Las mujeres, casi


               asexuadas en sus toscas ropas, apenas si tenían un

               aspecto  menos  rudo  que  los  hombres.  Aunque  el

               salón  estaba  oscuro,  vi  claramente  sus  rostros;  la


               puerta  había  sido  transformada  en  una  especie  de

               basto  filtro  de  aire  para  impedir  que  entrasen  los

               gases, y pocos de ellos usaban ropa de tierra.


                      El rostro del líder era diferente de los otros. Sus

               arrugas  habían  adquirido  un  ascetismo  que

               trascendía el hambre. Se notaba de inmediato no sólo


               que había sufrido, pues nadie en el presente había

               escapado  de  eso,  sino  que  era  un  hombre  cuyo


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